Carlos Vigo Torres, bajo supervisión de Carmen A. Pérez Herranz

 

Lo urbano lo es el habitante, el es protagonista y creador, el forja poco a poco cada detalle de su recorrido, percepción y  características a través del desarrollo de su propio ser. A la vez que se manifiesta, lo experimenta y siente el fruto de su creación en su cotidiano vivir de lo urbano, y recíprocamente se alimentan el uno al otro.  En simples palabras, existe una congruencia en el significado del hombre : espacio urbano.  Este significado recae en que uno no existe sin el otro, pero los dos son sus mutuos agentes de transformación paralela, simultanea y constante. Lo urbano tiene vida, y se transforma al ritmo de sus habitantes.

La transformación del habitante significa la directa transformación de lo urbano. El habitante se transforma, lo urbano se transforma, y viceversa.  Este principio básico es una abstracción de la simpleza y la complejidad de la experiencia urbana ya que el habitante, el ser humano, por si mismo ya es un mundo entero, lleno de subjetividad, pero lleno de razón, de la verdad y lo imaginario, de lo sagrado, de lo profano.  Las misma categorías que se usan para entender al ser humano se utilizan para estudiar lo urbano.  En otras palabras, lo urbano es la representación de la interacción del ser humano con su entorno, en todos los sentidos.  Para la comprensión del espacio urbano, uno tiene que comprender al hombre que lo habita y convertirse en el.  La significación habitante ante su entorno esta subyugada a su específica interacción con el mismo. No es lo mismo la mirada externa a la mirada interna, pero son componentes de los múltiple elementos paralelos que conforman lo urbano en su totalidad.

A través de la historia, hemos tratado de dar múltiples soluciones rígidas ante la problemática de controlar la forma de lo urbano.  Cada vez tratamos de darle un cambio de dirección abrupto sin tener en cuenta las fuerzas de inercia que limitan su canalización.  La transformación de lo urbano esta en manos de la apropiación de su espacio. La solución de las diferentes problemas de lo urbano es precisamente tener conciencia multidisciplinaria.  Lo urbano tiene múltiples componentes individuales que llegan muy profundo a su significación.  La pluralidad disciplinaria asegura un análisis de diversos puntos de vista para el entendimiento de las transformaciones urbanas.

El mejor diagnóstico para lo urbano es respetar su constante transformación formalmente ofreciendo espacios de amortiguación para las expansiones futuras.  Desde cada disciplina se debe respetar lo urbano como un ente con su propio camino, ofreciéndole un empujón para el desarrollo evolutivo, en beneficio a la ciudad del futuro. Ya no es el arquitecto que crea un espacio utópico estático, sino el arquitecto que crea espacios democráticos, expansivos, moldeables y que diseña para la rápida transformación y/o adaptación de su obra. Lo urbano expresado como flujo cinético, transcendiendo los atropellos del pasado.

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